lunes, 21 de enero de 2013

Conseguida la silla de ruedas con tapones solidarios.


Cuando hace unos meses mi madre me contó que mis primos estaban recogiendo tapones para poder financiar una silla de ruedas para María, la hija de mi primo Fran, inicialmente pensé que se habían metido en un lío que no iba a llegar muy lejos. Pero unos días después, pensé que podría ayudarles si me movía un poco, y propuse a algunos profes de mi colegio que nos echaran una mano.
Lo que inicialmente fue una ayuda esporádica de algunos, enseguida se convirtió en un proyecto de cole -"Tapones para continuar la vida", le llamamos-, en montar otro punto de recogida con amigos en mi parroquia, en otra posibilidad de recoger que surgía en un centro de salud que ya llevaba un tiempo recogiéndolos sin ser para ningún proyecto concreto, y el boca a boca ha hecho que  hayamos conseguido nuestro objetivo. También nos han ayudado desde el antiguo Colegio de mis hijas y desde su actual Instituto; y también muchas otras personas anónimas, cuya lista sería difícil de mencionar. 
Ha sido gracias a la solidaridad de mucha gente, aunque sobre todo a que media provincia de Segovia está recogiendo tapones. En nuestro colegio hemos recogido solamente una porción del total -aunque una tonelada no es una cantidad nada desdeñable, tienen su peso y han ayudado a este éxito comunitario-. Hemos superado todas las expectativas, puesto que según nuestras previsiones pensábamos que no lo conseguiríamos hasta abril o mayo, y a mediados de enero ya hemos conseguido la silla.

María, "la bonita", como la llama su tía Marisa, o "la princesa", como la llama su padre, ya tiene su silla para pasear tan "rechula" por Cambrills. No ha sido fácil elegir el modelo, pues María está en esa extraña edad en que una silla pediátrica le queda pequeña, y una silla de adulto le queda grande. La tienda de ortopedia de su pueblo se ha portado de maravilla, trayendo sin coste para mi primo varios modelos para probarlos.

Donde muchos otros solamente ven  en estas fotos sufrimiento y limitación -claro que los hay- yo veo también ternura, belleza en la fragilidad, oportunidades de cariño y cuidado, amor sin medida a una hija considerada como un regalo para la familia.
Cuando mi primo Fran me contó el otro día la noticia estaba emocionado, muy alegre, al percibir el cariño y la solidaridad de mucha gente que ni les conoce, que ha puesto sus gotitas de ilusión, al sentirse tan queridos y ayudados, al vivir cómo sus hermanos se han "pringado hasta las trancas" (perdón por la expresión), ya que recoger tantas toneladas de tapones sin más ayuda que sus coches, sus garajes y la camioneta de un amigo -mucho volumen para muy poco peso- requiere su logística y sus buenas horas de clasificación, reubicación en sacas más grandes, almacenamiento, transporte de un lado para otro. Ver las fotos de los niños de nuestro colegio posando con sus montoncitos es algo que nos ha emocionado a mí y a toda nuestra familia, y creo que también a la gran familia Mercedaria.

Creo que como colegio (y en mi caso también como familia), esta campaña solidaria nos ha ayudado a estar más unidos, a sentirnos mejores-más útiles-más humanos-buenas personas (¿para qué sirve si no la escuela?), a darnos cuenta que pequeños gestos de muchos pueden ayudar a personas concretas a poder seguir su vida con la normalidad que la vida merece, a concienciarnos con el reciclaje, a estar pendientes de algo común ("Paco, ¿cuántos tapones llevamos?" es una pregunta que he oído todos los días en los últimos meses); incluso nos ha servido para divertirnos (yo he jugado con algún niño pequeño a las carreras de chapas por algún pasillo -Sssh, que no se entere el Director-), nos ha ayudado a relativizar nuestros problemas y a agradecer la "normalidad" de nuestras capacidades y las posibilidades de nuestro cuerpo... Los niños de infantil y primaria, han sido grandes protagonistas, con esa generosidad y espontaneidad con la que se comportan siempre los pequeños.

Vamos a seguir recogiendo tapones hasta junio, ya que ahora pretendemos financiar una grúa para poder mover a María sin que sea siempre a costa de la machacada espalda de sus padres (la niña pesa ya más de 40 kg, y todos los días hay que moverla varias veces entre la cama, la silla, la ducha, el coche, la escuela...). Eso requiere ayuda mecánica. 
La mayor parte de tapones se recogen en colegios, y queremos aprovechar esa inmensa fuente de solidaridad ¿Asumimos este nuevo reto?  A mí me sale un tremendo GRACIAS. ¿y a ti?


Paco Montero, profesor de Secundaria.
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