miércoles, 18 de septiembre de 2013

La alegría de reencontrarse con un profesor de la infancia.


Nuestra conversación, la pongo públicamente puesto que públicamente me escribió. Espero no se moleste.
Recientemente he encontrado en Google + a uno de los profesores que en su día más me marcó, por su manera de educarme (a mí y a mis hermanos mayores) como profesor de ciencias naturales y matemáticas en mi EGB, pero, sobre todo, por su manera de acompañarme en mi crecer como persona. Siempre lo recuerdo alegre, animoso, cercano, bromista, buen comunicador, conocedor de sus áreas de conocimiento, y muy cariñoso con los alumnos. Cuando él entraba en clase, no estabas tenso. Recuerdo cuando nos corregía con esa frase tan suya  "¡ay mi capullito de alhelí!"  o "rosa de pitiminí", que ninguno sabíamos lo que era (Google no estaba nada a mano), y que significaba, en lenguaje común: "mira que eres bruto ¿cómo dices esa barbaridad, torpedo?". Tuve la suerte de encontrarlo en mi camino, y estoy seguro él puso sus semillitas en forjar parte de lo que ahora soy.

Que se acuerden de uno, treinta años después, es muy emocionante.

Hace unos años, cuando yo acababa de empezar en esto de la docencia -ya llevo 15-, me lo encontré en el pueblo de mi madre (Sepúlveda, un pueblo precioso, por cierto), haciendo de turista. Al enterarse de que me había pasado a la enseñanza, me dijo que esto era duro, pero muy bonito, y me animaba a echar todas las ganas y las fuerzas en mi recién encontrada vocación. Me deseaba suerte y me auguraba éxito. No sé si lo he conseguido -tampoco lo pretendo-, aunque lo que sí sé es que al elegir esta profesión, no me equivoqué. Cuántas veces en estos años mis alumnos me han "reprochado" diciéndome eso de: "Pero tú, siendo ingeniero, ¿qué haces aquí aguantándonos a nosotros?". Y yo les digo que es porque quiero estar con ellos, y porque he tenido la suerte de que gracias a mi formación pude elegir trabajo (hoy en día ya no estoy tan seguro de encontrar trabajo con mucha facilidad). Yo creo que es donde debo estar, y donde me gusta estar.

Ahora "Don Joaquín", algo más mayor, y algo neófito en las redes (tiene mucho mérito que un profesor "de los de siempre" se adentre en pedagogías y maneras "de las de ahora") me ha encontrado en la red. Me ha alegrado muchísimo. Y sus palabras de ánimo, y reconocimiento, me emocionan, de verdad.

De momento, seguiremos en ello... Muchas gracias, Don Joaquín. Muchas gracias, maestro.

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